martes, 30 de abril de 2013

Isabel Mochales Gutiérrez. La sobriedad vasca en El Puerto de Santa María.

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Si en una entrada anterior de este blog me refería a Jesús Laiseka como personaje digno de "Las Inquietudes de Shanti Andía" de Pío Baroja, no me cabe la menor duda que Isabel Mochales Gutiérrez, nuestra vasca-gaditana de hoy, responde más a un perfil unamuniano. En Isabel son muy visibles algunos de los rasgos que caracterizaron la obra y vida de su paisano bilbaíno Miguel de Unamuno: la sobriedad y la espiritualidad, dos rasgos contundentes de su carácter que no puede ocultar. Esta salida del tobogán, en un viaje a Suecia, nos anuncia la presentación de una mujer con "temperamento".




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Creo que vas a tener que hacer maravillas conmigo para que salga algo que valga la pena”.
Este comentario de Isabel ha estado presente desde el primer momento que nos vimos en la Taberna del Puerto, y quizás responda al hecho de que esta bilbaína de las estribaciones del popular Parque de Doña Casilda , ese lugar tan querido y visitado por los del “botxo”, no responde para nada al perfil del vasco/a intrépido, emprendedor o aventurero que hemos conocido en muchas ocasiones, y que tan bien representa una persona como Jesús Laiseka, nuestro anterior vasco-gaditano en el blog. Más bien se asemeja a esa otra visión del vasco/a retratado con un carácter serio, sobrio y sensato, familiar y hogareño. Decía un paisano de ambos que “el amor al hogar es una de las cualidades más excelsas de lo vasco; pero atrae más ese anhelo de aventura, que ha forjado el alma universalista de nuestros descubridores, de nuestros marinos, de nuestros misioneros”. En Isabel predomina lo primero, aunque es visible una pincelada de ese espíritu viajero y aventurero.

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Isabel Mochales transmite sensatez, ese rasgo consistente en no pensar más allá de lo que se es capaz y, como la regla que usa para medir sus aspiraciones es su realización, a menudo consigue lo que se propone. Su fisonomía austera y apacible es una característica muy común entre mis paisanos; transmite también un cierto sentido de soledad, aunque es eminentemente sociable, como un paisaje sencillo, amable y proporcionado. Acerca de la espiritualidad hemos tenido nuestros más y nuestros menos, que no viene al caso reproducir. Dicho todo esto, no penséis que no se ha “echado al monte” cuando la ocasión lo requería, en expresión muy vasca para reflejar situaciones o momentos temporales de riesgo o aventura.

Creo que son este conjunto de rasgos y su fuerte sentido práctico los que hicieron que el cambio de vida de su Bilbao natal a El Puerto de Santa María fuera muy natural y sencillo.

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La mitad de su vida transcurre en Bilbao, con un breve paréntesis en Santiago de Compostela para terminar sus estudios de Biología. Vida familiar y tranquila, juegos en el Parque, estudios en las Esclavas, lecturas y deporte, domingos de misa, aperitivos de rabas y compra de tebeos en el quiosco, mostos por Pozas y veraneos en Zarautz, esa bella localidad gipuzcoana que tan bien conozco y donde pasé 10 años de mi vida. La Universidad de Lejona y sus estudios de Biología le sacan de una cierta burbuja-placenta, que le permite conocer otros ambientes sociales. A pesar de ello siempre prevalece en ella una tendencia hogareña y familiar.

El cambio de residencia tiene lugar después de que, durante un tiempo, la familia decidiera pasar sus vacaciones veraniegas en la provincia de Cádiz, más concretamente en la urbanización de Vistahermosa de El Puerto, donde el clima se muestra mucho más estable y veraniego que en Zarautz. Ello propiciará que años después la familia fije su residencia definitiva en esta localidad y se abran para Isabel una serie de expectativas que, en ese momento, no encuentra en su ciudad.

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Esta mujer de perfil unamuniano convive a la perfección con las gentes gaditanas y su alegría existencial: “tengo muchas más posibilidades y una mayor libertad frente al encasillamiento que tenía en Bilbao; el entorno en que vivo, el paisaje y el clima son muy favorables; es cierto que las relaciones personales son quizás más superficiales que en el norte, conozco la guasa y la coba gaditana y las gestiono con un poco de mano izquierda”.

Me consta el respeto con que cuenta en su trabajo como adjunta a la Jefatura de Servicio del Área de Medioambiente del Ayuntamiento de la ciudad, donde comenzó hace ya 25 años, y donde de vez en cuando le recuerdan que es vasca cuando le cuentan un chiste en clave gaditana. Casada con un portuense en el año 1993 y posteriormente separada, disfrutó “la aventura americana”, como tantos otros vascos a lo largo de la historia, que le llevó hasta California durante 7 meses de su vida. “Fue un cambio de aires temporal, un paréntesis en mi vida laboral que me permitió conocer otras tierras, otras personas y otras costumbres”.

Actualmente compagina su vida tranquila y familiar, el deporte, los paseos solitarios con sus perros Blanquita y Neo por la playa, las lecturas y la meditación, con los actos propios de la vida de la ciudad: le gusta bailar sevillanas y tomarse unos “rebujitos” en la Feria de El Puerto, asistir a la Semana Santa, tan diferente de la silenciosa y recogida de su Bilbao, o salir de tapas con los amigos/as; tiene muy buenos amigos en esta tierra. “Me apasionan los viajes, aunque siempre vuelvo a casa, y el contacto con la naturaleza. Me gusta conocer otros países, otros paisajes y distintas costumbres. Debe de ser que mantengo algo de ese espíritu aventurero que nos ha caracterizado siempre a los vascos”.

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Esta bilbaína serena y sobria encaja a la perfección en estas tierras gaditanas dadas al bullicio y la exageración. Su fuerte sentido práctico le facilita eso que algunos siguen llamando “integración”.

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1 comentario:

  1. Recién descubierto este blog ...Me ha gustado mucho.
    Que guapa estás hermana!
    Cristina

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